Ideas preconcebidas

La formación de creencias es un proceso complejo y dinámico donde intervienen diferentes agentes. Pensamos lo que pensamos por influencia de la familia, de nuestro entorno cultural, social, etc.

Por ejemplo, en el ámbito familiar se transmite la idea de ir a la universidad para tener una carrera profesional exitosa, “tienes que obedecer a los mayores” o creencias más ligadas a roles de género como “los hombres no deben llorar”.

En el ámbito cultural se transmiten creencias del tipo “puedes llegar a ser lo que deseas si trabajas duro”; “la familia es lo más importante, pase lo que pase”; o algo que puede ser más reciente es “subir contenido a las redes sociales es algo que mola”.

También nuestro entorno puede fomentar la creación de creencias. “Mi equipo de fútbol es el mejor de la ciudad”; “La gente que viste de una determinada forma no es de fiar”, etc.

Por último tendríamos las que están relacionadas con las emociones: “si no hago lo correcto me pasará algo malo”, culpa; “es bueno preocuparse”, preocupación; “todo pasa por algo”, afrontamiento de pérdida o situaciones complejas.

Como veis, la fuente puede ser muy distinta pero lo que está claro es que las creencias nacen para dar sentido, seguridad y pertenencia, no necesariamente para describir la realidad con precisión. Suelen cumplir una función adaptativa porque mantienen la cohesión mental, reducen la ansiedad y orientan las decisiones.

En la próxima entrada de blog veremos por qué cuesta tanto cambiar de creencias.

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